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Escritos

Recuperemos la Memoria de Sergio Mancilla Caro

Hay ciertas cosas en la vida que parecen nunca tener respuesta, y sin embargo, sabemos que la respuesta, o las respuestas, existen. Tienen que existir. En el fondo, no se puede acabar una vida asi no más y nosotros seguir las nuestras como si nada hubiese pasado. Esto es lo que me ha pasado por más de 30 años en el caso de la vida y la muerte de mi compañero Sergio Mancilla Caro.

Ahora me parece que al escribir su nombre se hace mas real la figura de este jóven que llegó a Punta Arenas tal vez el año 1972 para estudiar en la Universidad Técnica del Estado, aquélla que estaba frente a frente al Hospital Regional de Punta Arenas. Llegaban así, de paso, muchos jóvenes porque tenían familiares en la ciudad, o simplemente porque habían sido aceptados aquí, o porque tal vez podían pagar los gastos de estudios en Magallanes y no en Santiago u otra ciudad. Pero era un fenómeno raro para los magallánicos que esto suceda, cuando la mayoría pensaba que era conveniente salir de la ciudad para el “norte” donde todo era superior, sobre todo en Santiago.

Muchos de los jóvenes que llegaban a la ciudad traian aires de superioridad sobre los provincianos. De igual manera eran percibidos como arrogantes y poco cariño se le daba, aunque con todo los magallánicos igual dan su especial y extraño cariño. Dependiendo del sexo del afuerino, se volcaba la atención sobre ellos, como si fuesen un producto importado y de mejor calidad, aunque siempre hemos vivido en la zona franca.

El caso es que este Sergio Mancilla Caro no traía ni una onza de arrogancia. Y es probable que mi memoria me engañe como lo hace tantas veces ahora que estoy viejo, este Sergio venía huerfano de familia en la ciudad. Se hizo fácil adoptarlo por su simpatía y por una cierta dulzura que no era impedimento para que planteara sus posiciones políticas con inteligencia y con fuerza. El hombre, al igual que yo, era de esos comunistas críticos del proceso emprendido por la Unidad Popular, intentando reformar el estado por dentro, hasta avanzar hacia ese socialismo con “sabor a vino tinto y empanadas” del que hablaba Allende. Valga aclarar que cuando uso el término comunista, no me refiero a ser miembro del Partido Comunista de Chile, sino a ser parte de la ideologia que propone el comunismo. Pronto entendí que su ideario revolucionario venía del trotskismo. Mi juventud influida por un Maoismo mas romántico que real no se hizo mayor problema en establecer una amistad política con este otro Sergio que igual que yo era visto con sospecha por nuestros compas de la Unidad Popular en Magallanes.

No recuerdo dónde, ni cómo lo conocí. Sólo recuerdo que frecuentaba amigos mios como Eduardo Vergara o Marco Barticevic y otros. Puede haber sido una actividad social donde nos conocimos. Pero de ahi cada conversación con Mancilla Caro duraba su tiempo, mientras tratabamos de convencernos mutuamente que teniamos la razón, hasta que en algun punto llegabamos a algun acuerdo.

Luego, el 11 de septiembre de 1973 llegó a cambiarnos la vida a todos. Lo recuerdo al Sergio con una sonrisa en los labios ayudando junto con otros compas a esconder en el cielo raso al compa Nelso Reyes en la casa de los estudiantes en Avenida Bulnes. Recuerdo que en eso estabamos cuando fuimos objeto de un allanamiento y nos sacaron a todos a la calle contra la pared de la casa y revisados como criminales por si portabamos armas. No encontraron nada. Y no se si Nelso no respiraba en el entretecho, ni como este no se vino abajo con su peso. En mi memoria, de ahi no recuerdo más de Mancilla Caro. No recuerdo si estuvimos presos juntos en algún lugar de detención de los militares o no.

Una vez en el exilio en los EE.UU. por algún medio, tal vez por medio de los mismos compañeros que tuvimos en algun momento, supe de su estadía en Panamá, aunque pensaba que era Costa Rica en mi mente por muchos años. Creo que intercambiamos una carta que no conservé, como era mi costumbre de jóven, sin pensar que estas cosas algún dia podrían constituir los únicos pedazos de historia que podemos tener.

Años más tarde, tal vez en los 1980s, por medio de mi amigo de siempre, Eduardo Vergara, supe que Sergio habia fallecido, en algún lugar de centroamérica, en medio de la lucha armada revolucionaria que allí se daba, posiblemente en El Salvador. Se me hizo entonces, igual que ahora, dificil asimilar que este compa habia muerto, y dificil asimilarlo como combatiente guerrillero. Ahi, sin embargo, nació el mito en mi mente de considerarlo un combatiente heróico, un internacionalista de primera clase que dio la vida luchando por sus ideales y convicciones.

De acuerdo a una reciente recopilación hecha por ex-combatientes guerrilleros salvadoreños (ver artículo al final), Sergio habría llegado a El Salvador en Julio de 1981 donde se sumó a una columna internacionalista combatiente del MAPU chileno en las montañas de Chalatenango. El 5 de octubre del mismo año, después de 4 meses, nuestro compañero fue acribillado por militares del ejercito salvadoreño. El pequeño artículo que le dedican no menciona su nombre verdadero, solamente su nombre de combate, Horacio.

Recientemente tuve el placer de recontactar a una compañera que lo conoció en Punta Arenas y compartió habitación con Mancilla Caro en Panamá. Este evento ha prendido nuevamente en mi mente la necesidad de reencontrar el rastro de nuestro compañero. Por su intermedio, supe de la compañera Panameña de Sergio, su nombre Vicky Bolaños, con quien tuvo un hijo, el cual lamentablemente habría también fallecido de manera trágica, por suicidio. El artículo que menciono más arriba solamente indica el sobrenombre de su hijo, Chapulín. Resta averiguar su verdadero nombre también.

Faltan los detalles más específicos, ¿Cuándo vivió Sergio en Panamá? ¿Cómo se vincula a la izquierda salvadoreña? ¿Cuándo sale de Panamá? ¿Exactamente cuando cayó en combate, y en qué lugar de El Salvador? Se hace necesario y urgente rescatar estos elementos de sus ultimos momentos de vida. ¿Qué paso con sus restos, están enterrados en algún lugar de El Salvador?

Tenemos que hacer un esfuerzo colectivo por recuperar la memoria de Sergio Mancilla Caro. En Punta Arena lo adoptamos pero una importante parte de su vida la desarrolló fuera de nuestra ciudad. ¿Dónde nació, cuando, que pasó y ha pasado con su familia, cómo lo recuerdan hoy? Luego está el exilio y sus momentos finales.

No me resigno a pensar que no se pueda encontrar su historia. No me he resignado en todos estos años a aceptar solo retazos de su vida, ni el mito que se ha creado en base a estos pocos relatos. Este breve ensayo tiene como objetivo pedirle a quien tenga cualquier pedazo de la memoria de Sergio a que la comparta con todos. Necesitamos fotos, cartas, libros, recuerdos de conversaciones, o simplemente, las memorias que tengamos de él. Una vez que recopilemos todo eso y lo publiquemos habremos cumplido con nuestro deber de compañeros, de amigos, de este jóven, hermano nuestro, que no puede pasar a ser un desaparecido. En El Salvador aun subsiste la organización por la cual combatió. Los compas salvadoreños entienden la importancia de la historia de los luchadores sociales y del concepto de la camaradería. Podemos acudir a ellos, hasta seguirle el rastro a nuestro compañero y traerlo de vuelta al seno del que fue su hogar, todo esto antes que nosotros mismos nos vayamos de esta vida, y con nosotros una importante parte de la historia.

Si Ud. conoció a Sergio Mancilla Caro, si compartió con el, escriba sus recuerdos de él para recopilarlos y juntarlos con otros. Igualmente si tiene alguna foto de él, se hace imprescindible recupear su imagen. Que nuestra memoria colectiva levante su nombre nuevamente.

Por favor envieme su contribución gráfica o literaria para recuperar la memoria de Sergio Mancilla Caro a la dirección electrónica que indico abajo.

En la lucha, aun desde el corazón mismo del imperio opresor.

Sergio Reyes
sreyes1@yahoo.com



Horacio – Chile

Horacio nació en Punta Arenas. Se suma al MAPU en el movimiento secundario. El bebió de la "Fuente del Ché". Se alimentó y creció de la lucha del pueblo, vibró y se entregó con todo, con el Gobierno Popular.

Con el golpe de Estado pasa por diversos campos de concentración, con todo lo que implica eso. Es expulsado de Chile y llega a Panamá donde se casó y tuvo a su hijo: Chapulín. Estuvo en Nicaragua y en Julio de 1981 llega a El Salvador constituyendo una brigada de mapucistas en el frente de batalla.

Autodidacta militar, Horacio es ejemplo de disciplina y meticulosidad, sobre todo de alegría. El 5 de octubre de 1981 las FFAA tienden un cerco en Chalatenango donde Horacio cae en combate. Tres meses después, fue ubicado su cadáver. Siete impactos le quitaron de a poquito la vida (...) Y, en un día de sol intenso, envuelto en una alba sábana, fue depositado en el mero centro de la cumbre más cumbre de Chalatenango, despedido por toditas y toditos los chalatecos que ahí lo tienen para ellos, para nosotros...

para siempre, para todos....

El MAPU-Lautaro toma su ejemplo y le coloca su nombre al arma casera, característica de los primeros años del MJL. El 5 de Octubre de 1987 (seis años de su muerte) nace "Las Fuerzas Rebelde y Populares Lautaro" quemando un camión de basura que venía desde Providencia.

(Periódico "PRV", No. 28. Octubre de 1989. Pág. 8. y "Entrevista a dirigentes de Lautaro". Cárcel de Alta Seguridad, 1997.)

Nadie conocía las huellas profundas que dejaban las invasiones enemigas en la mente de los guerrilleros. No todos habían tenido la "buena suerte" de Nico, Manuelón, Lucio y Raulón. Otros tuvieron la desgracia de morir en algún matorral inédito de la montaña chalateca, como sucedió con Horacio, el internacionalista chileno, de quien lo único que quedó fue el G-3 y la navaja suiza Victorinox. Unos guerrilleros de la Montañita encontraron meses más tarde en medio de los charrales los restos del combatiente chileno. Ramiro pudo identificar a su compatriota, a quien daban por perdido desde la invasión de octubre, por la cortapluma

suiza. Probablemente resultó herido en una escaramuza o al intentar romper el cerco. Horacio se había arrastrado como pudo hasta quedar oculto bajo los arbustos. Murió lentamente escondido en la maleza salvaje de la Montaña, soñando tal vez con los blancos Andes que lo vieron nacer. Otros, como Roque, el hijo del gran poeta revolucionario Roque Dalton, fueron dados por desaparecidos, sin saberse a ciencia cierta, si habían caído en combate o habían sido capturados por el enemigo.

(Extracto del libro "Cerca del Amanecer" de Roberto Herrera)

Dos Pueblos a los Que Amar, Un Mundo por el que Luchar, Recopilación de Genaro, Javier y Gato. El Salvador - Euskal Herria - Mexico 2013, pps. 41, 42.