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Sergio Reyes

Hasta Siempre Bunilda

Sergio Reyes, 24 de noviembre de 2013

Después de esto quedó el vacío, el silencio, como cada vez que se pierde a un ser querido. Sin embargo, la muerte, la implacable, la antitesis de la vida, no perdona y llega a su fin para todos. Bunny, como casi todas las cosas, llegó incidentalmente a mi vida junto a su dueña, mi Susana.

Adios Bunilda Canción compuesta para mi animalito muerto. Grabada 1/1/2014.

LUCHA POR LA CAMA

Hasta el año 2002, había transcurrido mi vida virtualmente sin mascotas que hayan conquistado mi cariño y sin deseo alguno de tener una mascota tampoco. Según mi parecer Bunny venía sin mucha disciplina. Esencialmente hacía lo que quería, incluyendo el considerar que las camas de todos podían ser la suya. Y sin consideración alguna por relaciones de pareja, ella tenía el monopolio de la compañía de su ama y se molestaba por la presencia de otro competidor en esa esfera. Con mucha personalidad y con la fuerza que le permitía su pequeñez ella buscaba su lugar preferido en la cama. En esos tiempos tenía la agilidad de subirse de un salto a cualquier cama. Comenzó entonces una lucha de voluntades. La verdad es que era incómodo dormir con ella por temor a aplastarla y porque en ese proceso entonces quedaba yo con pocas pulgadas de territorio, a punto de caer del colchón, y por lo tanto dormía muy incómodo. Creo que cuando no tenía más remedio que tomarla, y bajarla a su propia cama, nuestro animalito sufría mucho y de seguro resentía el tratamiento.

Eventualmente se me ocurre que a lo mejor, construirle su propia cama a la altura de la otra, que le permita ver a su ama podría ser una solución. Entonces, manos a la obra nos pusimos a trabajar en la idea. La base de madera tenía que ser redonda para acomodar su colchón y asi fue. Una vez hecha entonces ella quedó instalada en su propia cama. Igual había que sacarla de nuestra cama para colocarla en la suya, pero al menos desde ahi podíar observar y relacionarse con nosotros al mismo nivel. En la medida que envejecía hubo que irle cortando las patas a su camita. Y ya en los últimos tiempos simplemente tuvimos que deshacernos de ella porque no la usaba. Y en sus últimos días prefería no estar en lo alto, por temor a no poder bajarse.

Tenía hacia el final una "payasa" --como yo le llamaba a sus colchones-- en cada pieza. De esa manera ella se desplazaba hacia distintos lugares para intentar encontrar comodidad a su intranquilidad de los años.

DE BUNNY A BUNILDA

En español le decían buni, en inglés tenía que ser algo asi como "bani" y debía escribirse Bunny. Aun asi, en algunas clínicas les parecía raro que una perrita tenga el nombre de conejo, asi que ellos simplemente decían que era "Bonnie." Entonces, cuando explicaba su nombre yo decía "Bunny the dog" o "my dog, Bunny". Como aqui todo es consistente, las mascotas toman el apellido de la familia, que es habitualmente el apellido del hombre de la casa. Nuestra perrita, sin embargo, en algunas instancias, cuando Francisca hacía trámites por ella, era "Claret", cuando Susana los hacia, era "Marchant", y cuando yo los hacía, nunca fue Reyes, porque por ahi no la encontraban en los archivos, asi que tenía que decir que podría estar bajo uno de los dos apellidos primeros. En un intento por hacerla más chilena (y pocos creían que era un poodle traído desde Chile mismo) la llamaba Bunilda. Un tanto cerca a lo que su ama la llamaba con cariño, Bunita.

VACACIONES EN VERMONT Y EL LLAMADO DEL INSTINTO

El año 2004 pudimos salir de vacaciones llevándonos a Bunny con nosotros hacia el noroeste de los EE.UU., en el estado de Vermont, en un lugar fronterizo con Canadá. No es fácil salir con mascotas a este tipo de menesteres. El cariño por el animalito, sin embargo, nos movió a hacer el esfuezo y con suerte conseguimos un lugar de alojamiento donde aceptaban a nuestra perrita también. El lugar se llama Lake Seymour Lodge, un antiguo albergue para cazadores a la orilla de un precioso lago. El viaje larguísimo de 6 horas fue ya toda una experiencia para una Bunny que no podía descansar ya que tenía que estar al tanto de cambios de velocidad, paradas, etc. de nuestro auto. Al llegar a nuestro destino entendí que a Bunny le gustaban los viajes cortos en auto, no los largos, y que en realidad prefería estar en un lugar conocido que desconocido.

Al fin, hicimos todo lo posible para compartir con ella y a la vez hacer nuestras actividades, que ocurrían en torno al lago, botes a pedales, kayaks. En uno de esos mini viajes en bote nuestra Bunilda se percata de la presencia de unos patos seguramente muy acostumbrados a la compañia de humanos en el lago, sin contar que una perrita citadina se lanzaría al agua sin haber nadado nunca antes, para ir detrás de ellos. Lo impresionante fue ver su código de instinto de quizás qué genes que le indicaban la forma de nadar. Sus amos, super-protectores, especialmente un jóven Mauricio con mucho miedo a que se hunda y se ahogue inmediatamente intervino y los patos no pasaron mayor susto en este intento de nuestra cazadora frustrada. En realidad algunos de los patos eran tal vez de su mismo tamaño y esta nada podría haber hecho en ese ambiente que ciertamente no era el suyo.

Afortunadamente de esta experiencia sobrevivió un video donde se le puede ver en sus vacaciones que al parecer la estresaron más que lo que disfrutó.

LA HISTORIA MEDICA

Afortunadamente para las mascotas que tienen dueños dispuestos a hacer sacrificios económicos si fuese necesario para que éstos sobrevivan, en los EE.UU. hay amplia disponibilidad de servicios. Asi fue que en el curso de su vida, nuestra Bunilda pasó por varias intervenciones mayores. De más está decir que tenía pánico a las clínicas veterinarias y cada vez que se la llevaba, incluso sólo para baño y corte de pelo, temblaba como una hoja.

A dos años de llegar a los EE.UU., el año 2001, debió someterse a una masiva intervención bucal para removerle un tumor. Una operación similar se dió el año 2008. Ese mismo año tuvo que ser sometida a una ovariohisterectomía, ya que estaba desarrollando tumores mamarios y falsos embarazos. En esta oportunidad pude verla en muy malas condiciones de recuperación. La dejamos en la clínica por la mañana para recojerla al fin del día, un dia de invierno con nieve el 23 de diciembre de 2008. Para su recuperación y para que no se infecte el area operada tuvo que estar sometida a tomar antibioticos por dos semanas. Dada su condición no era posible luchar con ella para que trage las pastillas, asi que al fin descubrí que podía darselas forradas en paté. Su gusto por el paté era tal que aunque esté enferma igual se lo deboraba sin darse cuenta que había un pedacito de pastilla dentro.

El año 2011 el veterinario recomendó hacer una operación mayor para removerle varios tumores que “podrían” ser, según decian sin asegurar nada, cancerosos. Tal intervención estaba estimada en $1950 dólares con la posibilidad de ser mayor en caso de complicaciones. Dada la edad y la enorme suma de dinero que esto hubiese costado decidimos no someterla nuevamente a otro calvario quirurgico. La vida sin embargo, conspiraba para ir terminando la vida de la perrita. En octubre de 2011 tuvimos que nuevamente llevarla para una operación, esta vez para removerle un quiste que se le había desarrollado en el ojo. Aqui tuvo que pasar por la humillación mayor de los perros: el uso del cono en su cabecita, que de hecho era demasiado grande para ella y hubo que tener vigilancia sobre ella diariamente. En uno de esos dias, para liberarla de sus pesares, le sacamos el cono pensando que ya estaba la herida cerrada, pero no fue asi, se rasco el ojo con tal fuerza que se hirió la cornea. Esto en vez de ayudar significó que tuvo que usar ese maldito aparato por más tiempo. Para facilitarle que pudiera comer y tomar agua por si sola le cortamos cerca de 2 pulgadas al cono y de a poco fue entendiendo que podía alimentarse por si sola.

Hacia septiembre de 2012 empezó a desarrollar incontencia urinaria. De vuelta al veterinario. Esta vez le recetaron drogas para esta condición que le hicieron efecto. Esto habia que darsele una vez al día, asi que tuvimos que aprender a moler la pastilla y mezclarla con comida mojada.

En mayo de este año su salud empeoró drasticamente y pensabamos que se nos moría entonces ya que todo lo que defecaba y orinaba era sangre impura. La llevamos al hospital veterinario mayor de Boston a la sala de emergencia un 12 de mayo. Estaba desidratada y anémica. Esto implicó darle agua con gotero y una cantidad de medicinas liquidas y sólidas. No podía pararse ni caminar. De a poco empezó a caminar con dificultad.Uno de esos dias tuvo un ataque de histeria despues de darle una de sus dósis diarias de medicina. En la práctica se volvió loca, aullando despavorida y corriendo sin control por toda la casa, sin que pudiesemos calmarla. Después de unos dias hicimos arreglos para que la pusieran a dormir y asi terminar su sufrimiento. Sin embargo el día anterior a su cita final notamos una mejoría considerable. Los medicamentos, el cuidado, la alimentación y el agua le dieron fuerza nuevamente y caminaba y pidió salir a la calle. Entonces suspendimos la eustanasia y la seguimos cuidando sin tener muchas esperanzas que su recuperación sea para largo plazo.

MUDANZA Y FIN DE VIDA

En medio de todo esto, pasamos por momentos de gran tensión emocional al tener que mudarnos de donde estabamos y vivir en medio de cajas empacadas. El último mes además tuvimos que soportar construcción en el mismo departamento donde estabamos al no concretarse el arriendo de una casa que ya habíamos contratado verbalmente.

Al fin en septiembre 1ro. 2013 pudimos mudarnos. Desafortunadamente, a pocos dias de habernos mudado Susana debió partir de viaje y quedamos solos con Bunny. Ya a esta altura tenía serios problemas para caminar. Casi no dormía de noche y deambulaba por una casa que no conocía. Estabamos en un segundo piso y había que cargarla escaleras abajo para sacarla a un precioso patio cerrado que no pudo gozar. La posabamos en el medio del cesped y alli quedaba paralizada con miedo de intentar caminar siquiera. Su última semana de vida ya no comía, y tomaba muy poca agua, y al final de sus dias ya nada. Había perdido mucho peso y sus caderas ya no sostenían sus piernas posteriores y se caia cuando intentaba caminar. Esta vez decidí que era mejor terminar sus días de una manera controlada. Todos consultados, acordamos que lo haríamos el domingo 29 de septiembre. La llevamos a la clínica donde había estado antes, sobre todo para sus aseo. Esta vez, ya no tenía fuerzas para temblar. Sus últimos momentos fueron llenos de cariño en los brazos de Mauricio y en mi compañía. El procedimiento fue breve. Nos quedamos con ella después de su último aliento por algún tiempo y luego partimos de ahí, sombríos y desolados, con el único consuelo que nuestra Bunny ya no sufría más. Después de unos dias nos entregaron sus cenizas en una cajita de madera. Me queda pendiente componerle una canción que empecé una vez en mayo, luego el dia anterior de su partida cuando se la toqué y la grabé aunque no creo que escuchara ni oyera. Ahora nos queda su recuerdo y un montoncito de cenizas. Y la pesada carreta de la vida sigue por los caminos hasta que a nosotros nos llegue el turno de la partida. Al fin, ¿qué puede un viejo revolucionario decirle a su adoptado animalito? ¡Bunilda, vieja compañera, hasta siempre. Te seguiremos queriendo y recordando!