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Sergio Reyes

8 de Marzo

Quelentaro - 1996

Ay! papá
tu sabrás comprender nuestra existencia plana;
tómalo con cariño
que de pura ternura
he cometido esta tremenda carta:

Tu tienes la frente amplia
tu corazón, agrario,
que por mi cuando sea preciso, te juegas el pellejo,
no lo niego
no dentro a medir eso,
porque te he visto aguantado
atropellando al tiempo.

Cuando apiño mis sueños
lo hago sin rebeldías, sin sublevos,
lo hago así, con tristeza,
pero con esperanza
en tu conciencia abierta,
y tú, a veces, tan alzado del genio,
antes de defenderte,
si te incumbiera hacerlo,
mira un poco por dentro;
mi carta es pa un amigo,
que no quiero doblarte,
de enemigos es ley
se tanteen en fuerzas,
y sin recelos, padre;
que el amor nada pierde,
si es que subo la frente;
el amor sólo gana
si de la misma altura
respetamos este paisaje humano,
perpetuo de la vida.

Quiero sentir tus ojos de esperanza,
brillantes de esperanza,
de ese mañana puesto
en mis manos pequeñas.
Quisiera ser, al menos,
esa ilusión de sangre
que le hiciste a la muerte
quiero ser brazo armado
quiero ser un galope
quiero ser la mujer
buscando mi conciencia.

Condicionan mi vida
me entregan un instinto maternal
que le dicen: incubado a muñecas,
y algún padre, tú sabes,
nos rechaza en silencio
por brotar incompletas.
Debe ser la inocencia,
que no digo ignorancia,
que hasta hoy, que se sepa,
es el hombre en su ser
quien determina el sexo.

Nos regalan cocinas,
cacerolas pequeñas,
y entre plato y cucharas,
otra vez, la muñeca.
No quieren que me ría,
con esa risa abierta,
no encaja en el sistema
debo ser señorita
cuando el hijo hombrecito se desgancha la ropa,
justifican el hecho:
destino de cachorro
¿es que yo, nací vieja?

¿Que pasaría, padre,
si un día no lejano, no imperara la fuerza?
¿Qué harás con tus lagartos
cuando algún argumento no se defina a gritos,
ni golpeando la mesa?
¿Qué pasará más tarde cuando un arma liviana
se acomode a mis manos compartiendo trincheras?

Yo no vengo a pedirte que reprimas al macho
que engendraste como hijo;
tu hijo predilecto
¡muéstrale la cocina, los platos, la vajilla!
O, ¿que no es digno en el
conocer las pamplinas?
Y si no es digno en el
¿por qué es propio en tu hija?
¿o soy segunda clase aplastada en la vida?

Sale a ver los juguetes que existen pa' las hijas,
y te va a dar vergüenza de este destino oscuro
acordado a las niñas,
que hasta la Voz Sagrada que le dicen, de Roma,
nos niega el ser humano,
divino para otros
de oficiar una misa,
y andar por ahí, no más
perdonando pecados
¿O es que en la fe de un hombre,
hay más fe que en la mía?

Es verdad, soy mujer, y tengo menos fuerzas
Ay! padre,
si supieras en tu mundo de machos
lo que cuesta ser hembra
comparada a la Tierra;
comparada a la Luna,
Yo quisiera ser Sol
y calentar tu vida,
y llenarte,
y preñarte los ojos de tibieza y salitre,
de frutales y andamios,
de ciencias y herramientas,
si consigo vivir en la luz de mis días,
yo seré en el colegio, la calle, la vida,
tan entera y jugada que cualquier hijo-macho;
barba y torso cuadrado superando a la vida.

Tengo también derecho
ser la mano certera;
no me tomes por débil
si no hombreo muy fácil el quintal de la vida;
que si miro mi vieja,
consumió su destino orillando cazuelas,
y en lo lento del tiempo
su corazón campana
se le ha ido volviendo de muñeca de trapo,
hasta ovillo de lana.

Exijo para mi un destino de flecha,
y en mi mano, la igualdad de la lanza,
la igualdad del salario,
mi lugar en lo humano,
y mirar en tus ojos el orgullo de ver
como crecen mis pechos,
y al montar a caballo
no andar a media rienda.

¡Quebremos el sistema!
que me tiene dormida,
y estaremos,
las mujeres y hombres,
codo y hombro en la lucha.

¿Qué haremos, padre, dime:
de qué puede servir
todo ese mundo nuevo que buscas pa' los machos,
si una mitad humana se va quedando fuera?
Va llegando el momento que cumplas tu destino;
ha llegado el momento que por tu hija hembra
te juegues el pellejo,
no lo hago por alarde
sostener en el vientre,
levantar en la vida, de la infancia hasta arriba;
el recambio de manos
pa engordar los talleres.

Mi vida improductiva pone la sangre joven;
multiplica los brazos
al bien aprovechado patrón universal:
mercado de trabajo.

Alguien puede decirme
que no escriba a mi padre
cosas que hay amarrar sólo entre las mujeres,
que tú, tambien, papá
vendrias mal formado,
enfermo de machismo.
Pero, también nosotras andamos derramadas
de cariño en cariño,
amarrada a los hombres por todos los caminos.

Yo no te pido nada,
porque de ti aprendi que el patrón nada otorga
si lo que deseamos no se gana en la lucha,
como el derecho a voto
que valió tanta vida
de fuerza y esperanza, de lucha, y contra lucha.

Al final se me antoja
que soy de gestos mansos
si empujada a rigores cobijo rebeldia,
de plano entro a comprender
que la Ley con ser pareja
han sabido perpetrarla a espaldas
y en contra mia,
y, no estoy resentida.
Y, a ti te quiero siempre,
y te quiero bien fuerte.

Espero tu respuesta...

Tu hija que te quiere.